No ha sido fácil adaptarme. He de aceptar que aquí, sin ti, pesan los minutos como si fueran horas. Las noches son más oscuras. Y la paz tiene ganas de paz.
Aprendo a cocinar para burlar el hambre aunque se me atraganta la cena por nostalgia. Aún tiendo la cama cada mañana a pesar de que duermo en el sofá. Tu piano está limpio e intacto. El perro está más flaco. Mi guitarra aún te llama. Y yo te extraño más y más...
Carta # 1.
Diciembre 23, 2004.


